En los veinticuatro referencias que componen este volumen, Murakami introduce medios fantásticos y oníricos, mezcla con calculada ambigüedad el sueño y la vigilia, se sirve de relativos como el jazz o permite que los grajos hablen, pero, sobre todo, crea astros inolvidables, enemigos al dolor o al amor, o relajados y pordioseros de afecto. Basta un peculiaridad nimio para que algunos de esos astros se suman en la melancolía tras presagiar de pronto el lado oscuro que ocultan los actos cotidianos. Unos, como el protagonista de «El séptimo hombre», intentan superar, muchos años después, la pérdida de su mejor amigo, acaecida en la infancia; otros sienten el movimiento de pasear por el zoológico los días de fuerte viento.
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